
Cómo liberar espacio en disco en Windows (de forma segura)
Archivos temporales, papelera, descargas olvidadas y la carpeta que nadie mira: recupera gigas sin borrar nada importante.
Guías de software en español claro para España, Latinoamérica y quienes usan el ordenador en español en Estados Unidos. Sin descargas dudosas, sin rodeos: solo los pasos que funcionan, en el orden correcto.

Archivos temporales, papelera, descargas olvidadas y la carpeta que nadie mira: recupera gigas sin borrar nada importante.

Antes de comprar nada, comprueba esto: programas de inicio, disco al 100 %, memoria justa y polvo acumulado explican casi todos los casos.

El orden importa: primero Windows Update, después los controladores del fabricante. Y nada de programas «actualizadores» milagrosos.

La regla 3-2-1 explicada sin humo: qué copiar, dónde guardarlo y cómo dejarlo automático para olvidarte del tema.

Una contraseña distinta para cada sitio sin memorizar ninguna: así funcionan las frases clave y los gestores, paso a paso.

Borrar la carpeta no es desinstalar. El método correcto, qué restos quedan después y cuándo merece la pena cazarlos.

Ofimática, edición de fotos, PDF y vídeo: los programas gratuitos que de verdad sustituyen a los de pago… y sus límites honestos.
Las dudas que más se repiten al cuidar un ordenador con Windows, respondidas sin humo.
Sí. Los nombres de los menús que citamos son los de la interfaz en español de ambos sistemas; cuando un paso difiere entre Windows 10 y 11, lo indicamos en la propia guía. La ruta que más cambia es la de Configuración: en Windows 11 casi todo está en Configuración > Sistema, mientras que en Windows 10 algunas opciones siguen también en el Panel de control clásico.
Porque es la forma más segura de evitar instaladores manipulados. Cuando una guía nombra un programa, lo correcto es conseguirlo desde la web oficial de su fabricante o desde la Microsoft Store. Los portales de descargas de terceros suelen añadir publicidad, barras del navegador o programas extra que nadie pidió.
No. Están escritas para quien usa el ordenador a diario pero no vive dentro de él: cada paso dice dónde hacer clic, qué deberías ver y qué hacer si algo sale distinto. Si un paso implica tocar algo delicado, lo marcamos claramente y explicamos la alternativa segura.
La limpieza de espacio rinde más como hábito trimestral: diez minutos cada tres meses evitan el aviso de «espacio insuficiente» en el peor momento. Las copias de seguridad, en cambio, deben ser automáticas y semanales como mínimo; si dependes de acordarte, un día fallarán justo cuando más las necesites.
Sí. Usamos español neutro e internacional y los nombres oficiales de Windows en español, que son los mismos en España y en Latinoamérica. Los precios aparecen en euros (€) como referencia; los pasos y las herramientas no cambian según el país.
Guías de Software forma parte de una familia de sitios de artículos en varios idiomas. Aquí tienes el resto de la red: educación, datos curiosos, hogar, viajes, deporte, industria y las demás ediciones de guías de software.
El aviso de «espacio insuficiente» casi nunca significa que necesites un disco nuevo. Significa que Windows lleva meses guardando temporales, instaladores viejos y descargas olvidadas. Esta guía los elimina en orden, de lo más seguro a lo más jugoso, sin tocar tus documentos.
Limpiar a ciegas desperdicia tiempo. Abre Configuración > Sistema > Almacenamiento y espera unos segundos: Windows agrupa el uso en Aplicaciones, Archivos temporales, Documentos, Imágenes y Otros. Fíjate en las dos categorías más grandes; ahí es donde rendirá tu esfuerzo. Si el disco está por encima del 90 % de ocupación, además de lento el sistema puede fallar al actualizarse: Windows necesita espacio libre para trabajar.
Lo «borrado» sigue ocupando espacio hasta que vacías la papelera. Haz clic derecho sobre su icono en el escritorio y elige Vaciar Papelera de reciclaje. En equipos compartidos desde hace años, aquí suelen esconderse varios gigas de instaladores y vídeos antiguos.
Escribe Liberador de espacio en disco en el buscador de Inicio y ábrelo. Marca Archivos temporales, Miniaturas, Archivos de optimización de entrega y Papelera si no la vaciaste ya. Pulsa después Limpiar archivos de sistema: aparecerá la opción de borrar la instalación anterior de Windows (carpeta Windows.old), que puede superar los 15 GB tras una gran actualización. Bórrala solo si el equipo funciona bien desde hace al menos una semana.
En Configuración > Sistema > Almacenamiento, activa el Sensor de almacenamiento y entra en su configuración. Déjalo ejecutarse cuando el espacio sea bajo, borrando temporales automáticamente y vaciando la papelera cada 30 días. Es la diferencia entre limpiar una vez y no tener que pensar en ello nunca más.
Descargas es el cementerio oficial de instaladores .exe y .msi ya usados, duplicados de fotos y ZIP que ya descomprimiste. Ordena por tamaño, elimina los instaladores (podrás bajarlos de nuevo de la web oficial si los necesitas) y mueve lo que quieras conservar a su carpeta definitiva.
En Configuración > Aplicaciones > Aplicaciones instaladas, ordena por tamaño. Un solo juego moderno puede ocupar más que todo lo demás junto; los programas de prueba preinstalados y las barras de herramientas antiguas también suman. Desinstala desde aquí, nunca borrando carpetas a mano (la guía de desinstalación de esta misma web explica por qué).
Si tienes un segundo disco, una unidad externa o espacio en la nube, traslada Vídeos y las fotos antiguas: son los archivos que más pesan y menos usas a diario. En OneDrive o Google Drive, la opción de «archivos a petición» deja ver todo en el Explorador pero descarga solo lo que abres.
La protección del sistema reserva espacio para puntos de restauración. Busca Crear un punto de restauración, selecciona tu disco, pulsa Configurar y ajusta el uso máximo a un 3–5 % del disco. No lo desactives: esos puntos son tu red de seguridad si una actualización sale mal; solo limita cuánto pueden crecer.
Si tu equipo aún usa un disco mecánico, ninguna limpieza lo hará rápido: un SSD de 500 GB cuesta hoy entre 35 € y 55 € y transforma el arranque y la apertura de programas. Es la mejora con mejor relación precio-resultado que existe para un PC de más de cinco años.
Como regla práctica, un 15–20 % del disco. Por debajo de eso, Windows Update empieza a fallar, los programas de edición se vuelven inestables y en discos mecánicos el rendimiento cae de forma notable.
No si lo haces con el Liberador de espacio o el Sensor de almacenamiento: Windows sabe qué temporales están en uso y los respeta. El riesgo aparece solo al borrar carpetas del sistema a mano.
Es el cajón de sastre: máquinas virtuales, copias de juegos, bases de datos de programas y archivos sin clasificar. Ábrela desde la pantalla de Almacenamiento y revisa subcarpeta a subcarpeta ordenando por tamaño; casi siempre hay dos o tres gigantes concretos.
«Antes iba bien» es la frase más repetida en cualquier taller. La buena noticia: un ordenador que se ha vuelto lento casi nunca está «viejo» de repente; tiene una causa concreta, y la mayoría se encuentra en menos de quince minutos con el Administrador de tareas.
Pulsa Ctrl + Mayús + Esc para abrir el Administrador de tareas y entra en la pestaña Rendimiento. Mira tres números: CPU, Memoria y Disco. Si alguno vive pegado al 100 % con el equipo «sin hacer nada», ya tienes al culpable. Pasa luego a Procesos y ordena por la columna que esté saturada: el nombre que aparezca arriba es tu punto de partida.
En el Administrador de tareas, pestaña Aplicaciones de inicio (en Windows 10: «Inicio»), deshabilita todo lo que no necesites en el minuto uno: lanzadores de juegos, actualizadores, sincronizadores duplicados y utilidades del fabricante. Fíjate en la columna «Impacto de inicio». No borras nada: el programa seguirá abriéndose cuando lo pidas, pero dejará de pelear por recursos al encender.
En la pestaña Rendimiento, si el Disco pasa la mitad del tiempo al 100 % y tu equipo tiene disco mecánico (HDD), ahí está casi todo tu problema. Las soluciones parciales —liberar espacio con nuestra otra guía, dejar terminar las indexaciones— alivian; la definitiva es pasar a SSD (35–55 € en 500 GB). En un PC con HDD, el SSD multiplica la velocidad percibida más que cualquier otra pieza.
Si la Memoria supera el 85 % con tu uso normal (navegador con muchas pestañas, videollamadas, documentos), el sistema empieza a usar el disco como memoria y todo se arrastra. Mira en Rendimiento cuánta RAM tienes y cuántas ranuras están libres: ampliar de 4 a 8 GB, o de 8 a 16 GB, cuesta unos 20–40 € y es la segunda mejor inversión tras el SSD.
Ejecuta un análisis completo con Seguridad de Windows (Protección antivirus y contra amenazas > Opciones de examen > Examen completo). Y desinstala cualquier «PC optimizer», «driver booster» o limpiador que no recuerdes haber instalado a propósito: irónicamente, son de los programas que más ralentizan y más publicidad inyectan.
Un controlador de vídeo antiguo o una actualización de Windows atascada a medio instalar provocan tirones muy visibles. Completa las actualizaciones pendientes (tienes la guía completa en esta web) y, si juegas o editas vídeo, baja el controlador de la tarjeta gráfica desde la web del fabricante de la GPU, no desde utilidades de terceros.
Si el equipo va bien hasta que abres el navegador, el problema es él: revisa las extensiones y deja solo las imprescindibles, cierra las pestañas que no uses (20 pestañas abiertas consumen como varios programas) y prueba a desactivar la aceleración por hardware solo si ves parpadeos o artefactos en vídeo.
Cuando un procesador se calienta, se frena a sí mismo para protegerse (se llama thermal throttling). Si los ventiladores suenan siempre a tope o el portátil quema, toca limpieza: aire comprimido en las rejillas con el equipo apagado y, en sobremesas, abrir la caja y retirar el polvo de ventiladores y disipadores. Hazlo una vez al año; en casas con mascotas, dos.
En portátiles, el modo de ahorro agresivo puede recortar la velocidad incluso conectado a la corriente. En Configuración > Sistema > Energía y batería elige Equilibrado o Máximo rendimiento cuando trabajes enchufado, y deja el ahorro para cuando dependas de la batería.
Si tras todo lo anterior el equipo sigue mal, Configuración > Sistema > Recuperación > Restablecer el equipo con la opción «Conservar mis archivos» reinstala Windows limpio y elimina años de restos. Tendrás que reinstalar tus programas, así que úsalo solo cuando lo demás no baste, y siempre con copia de seguridad previa.
«Mi PC va lento porque tiene virus» y «porque es viejo» se dicen mucho, pero en la práctica la mayoría de equipos lentos que vemos tienen el disco mecánico saturado o 4 GB de RAM con treinta programas de inicio. Diagnosticar con el Administrador de tareas lleva dos minutos y evita comprar piezas —o un PC entero— que no hacían falta.
Para oficina, estudio y navegación, 8 GB es el mínimo razonable y 16 GB el punto cómodo que alarga la vida del equipo varios años. Para edición de vídeo o juegos actuales, 16 GB es el suelo y 32 GB lo recomendable.
Unos segundos de actividad al arrancar son normales (antivirus, sincronización). Si la espera supera el minuto, casi siempre son demasiados programas de inicio: aplica el paso 1 y reordena qué se abre solo.
Arregla el software, no el hardware: si el problema es un disco mecánico lento o poca RAM, el equipo «nuevo» volverá a arrastrarse en cuanto reinstales tus programas habituales. Diagnostica primero; formatea después solo si hace falta.
Las actualizaciones tienen mala fama por un motivo concreto: se fuerzan en el peor momento o se mezclan con controladores de origen dudoso. Hechas en el orden correcto y con dos precauciones, son la mayor defensa gratuita que tiene tu ordenador contra fallos y ataques.
La mayoría de ataques que afectan a usuarios domésticos entran por agujeros que el fabricante ya había corregido: el parche existía, pero el equipo llevaba meses sin instalarlo. Actualizar no es un capricho de Microsoft; es cerrar la puerta con la llave que ya te dieron.
Conecta el portátil a la corriente, comprueba que tienes al menos 10 GB libres en el disco del sistema (nuestra guía de liberar espacio ayuda) y guarda tu trabajo. Las actualizaciones grandes descargan varios gigas y un corte de energía a mitad de instalación es la causa número uno de errores.
Ve a Configuración > Windows Update y pulsa Buscar actualizaciones. Instala todo, reinicia cuando lo pida y repite el proceso: muchas actualizaciones desbloquean la siguiente ronda, así que «ya no hay más» puede significar tres pasadas. Termina solo cuando el mensaje sea «Estás actualizado» tras una búsqueda nueva.
En la misma pantalla, entra en Opciones avanzadas > Actualizaciones opcionales. Ahí Windows ofrece controladores validados para tu hardware concreto. Instala los de red, sonido y gráficos que aparezcan si tienes algún síntoma; si todo funciona, puedes dejarlos en espera.
Para la tarjeta gráfica y el chipset, la fuente correcta es la web oficial del fabricante del equipo (en portátiles) o de la GPU (NVIDIA, AMD, Intel). Descarga el paquete para tu modelo exacto y tu versión de Windows, instálalo y reinicia. Anota la versión anterior antes de cambiar: si algo empeora, sabrás a qué volver.
Abre el Administrador de dispositivos (clic derecho en el botón Inicio), localiza el dispositivo, entra en Propiedades > Controlador y pulsa Revertir al controlador anterior. Es una operación segura y reversible, pensada exactamente para este caso.
En Windows Update, ajusta las Horas activas a tu jornada real y, en Opciones avanzadas, activa «Avisarme cuando sea necesario reiniciar». Así las instalaciones ocurren cuando tú decides y desaparece el reinicio sorpresa en mitad de una presentación.
No entres en pánico ni busques el código en foros al azar: reinicia el equipo y vuelve a intentarlo (la mitad de los fallos son temporales). Si persiste, usa el solucionador integrado en Configuración > Sistema > Solucionar problemas > Otros solucionadores > Windows Update, y comprueba que la fecha y hora del sistema sean correctas, un detalle que bloquea más actualizaciones de las que imaginas.
Sí, Windows permite pausarlas hasta varias semanas desde la propia pantalla de Windows Update, útil antes de un viaje o una entrega importante. Pero trátalo como un aplazamiento, no como una solución: un equipo meses sin parches es un equipo expuesto.
Sí, sobre todo el navegador, los lectores de PDF y las suites ofimáticas: son los programas que abren archivos que vienen de fuera. La Microsoft Store actualiza automáticamente las aplicaciones instaladas desde ella; para el resto, acepta los avisos de actualización del propio programa.
El soporte estándar de Windows 10 terminó en octubre de 2025. Si tu equipo es compatible, la actualización a Windows 11 sigue siendo gratuita desde Windows Update. Si no lo es, valora el programa de actualizaciones de seguridad extendidas de Microsoft o planifica la renovación: seguir años con un sistema sin parches es el riesgo real, no la edad del equipo.
Todo disco muere; la única pregunta es si lo hará antes o después de que tengas copia. Un disco externo averiado, un portátil robado o un virus que cifra tus archivos dejan de ser una tragedia el día que montas un sistema de copias automático. Tarda veinte minutos. Una sola vez.
Los profesionales resumen décadas de experiencia en tres números: guarda 3 copias de lo importante (la original y dos copias), en 2 soportes distintos (por ejemplo, el PC y un disco externo), con 1 copia fuera de casa (la nube o un disco en otra vivienda). Con eso cubres el fallo de disco, el borrado accidental, el robo y el incendio. Todo lo demás es decoración.
No hace falta copiar Windows entero: los programas se reinstalan. Lo irremplazable son Documentos, Imágenes, Vídeos personales, el Escritorio y las carpetas de trabajo. Haz la lista mirando tu Explorador de archivos; suele caber en menos espacio del que imaginas.
Compra un disco externo con el doble de capacidad que tus datos actuales: si hoy ocupas 300 GB, uno de 1 TB (unos 50 €) te da años de margen. Ponle una etiqueta física que ponga «COPIAS» y guarda su cable junto a él: el día de la urgencia no es día de buscar cables.
Conecta el disco y ve a Configuración > Sistema > Almacenamiento > Configuración avanzada de almacenamiento > Copia de seguridad (en Windows 10: Configuración > Actualización y seguridad > Copia de seguridad). Activa Historial de archivos eligiendo tu disco externo. Por defecto copia tus bibliotecas cada hora y guarda versiones anteriores: podrás recuperar el documento de ayer, no solo el de hoy.
Elige un servicio (OneDrive, Google Drive o iCloud si convives con un iPhone) y sincroniza como mínimo Documentos y las fotos. Los planes gratuitos (5–15 GB) bastan para los documentos críticos; las fotos completas suelen pedir el plan de 100–200 GB, que ronda los 2–3 € al mes. Es el seguro más barato que vas a pagar nunca.
Para mucha gente, las únicas fotos «sin copia» son las del teléfono. Activa la copia automática en Google Fotos o iCloud y comprueba una vez al mes que la fecha de la última subida sea reciente. Un móvil perdido no debería significar perder las fotos de años.
Este detalle separa una copia buena de una ilusión: un disco de copias siempre conectado puede ser cifrado por el mismo virus que ataque el PC, o borrado por el mismo error. Conecta, deja que el Historial complete, y desconecta. Si usas la nube como segunda copia, este riesgo ya queda cubierto.
Una copia que nunca se ha probado es una esperanza, no una copia. Borra un archivo de prueba, abre el Historial de archivos y restáuralo. Dos minutos que convierten tu sistema en algo demostrado. Repite la prueba cada pocos meses y tras cualquier cambio de disco o de servicio en la nube.
Tu sistema está completo si sobrevives mentalmente a los tres casos: se rompe el disco (restauras desde el externo), te roban el portátil y el disco (restauras desde la nube) y un virus cifra todo lo conectado (restauras desde el disco que estaba desconectado o desde las versiones de la nube). Si un caso te deja sin respuesta, ese es tu siguiente paso.
Vale como inicio, pero tiene dos fallos: depende de que te acuerdes, y no guarda versiones anteriores de los archivos. En cuanto puedas, pasa a un sistema automático como el Historial de archivos y reserva el copiado manual para ocasiones puntuales.
La respuesta honesta es otra pregunta: ¿cuánto trabajo te dolería rehacer? Si es un día, copia diaria; si es una semana, semanal. El Historial de archivos, una vez activado, lo hace cada hora sin que pienses en ello.
Es más rápido y resiste mejor los golpes, y para copias que viajan contigo es preferible. Para un disco que vive quieto en un cajón, el mecánico ofrece más capacidad por euro y es perfectamente válido.
El problema no es tu memoria: es que te piden lo imposible. Decenas de cuentas, cada una con su contraseña «única y compleja», no las puede recordar ningún cerebro humano. La salida real no es esforzarte más, es cambiar de sistema: frases clave para lo poco que memorizas y un gestor para todo lo demás.
La mayoría de robos de cuentas no adivinan tu contraseña letra a letra: usan listas de contraseñas filtradas de otros servicios. Si tu clave de un foro barato es la misma que la del correo, una filtración ajena abre tu vida entera. Por eso la regla de oro no es la complejidad, es la unicidad: una contraseña distinta para cada sitio, y larga antes que rara.
Quien entra en tu correo puede restablecer todas las demás contraseñas. Ponle hoy mismo una contraseña única y larga, distinta de cualquier otra que hayas usado antes. Es la cuenta más importante que tienes, aunque no lo parezca.
Cuatro o cinco palabras sin relación aparente —del tipo «mesa río lápiz nube verde»— forman una contraseña larguísima, resistente a los ataques por fuerza bruta y, a diferencia de «P@ssw0rd!23», recordable. Añade algún número o signo si el sitio lo exige. Longitud gana a excentricidad, siempre.
Un gestor es una caja fuerte digital: guarda todas tus contraseñas cifradas y tú solo memorizas una, la de la caja. Opciones serias y conocidas: Bitwarden (gratuito y de código abierto), 1Password o el gestor integrado de tu navegador si solo usas un dispositivo. Consíguelo siempre desde la web oficial o la tienda de aplicaciones de tu sistema, nunca desde anuncios o portales de descargas.
No intentes cambiar cuarenta contraseñas en una tarde. Cada vez que entres en un servicio, deja que el gestor genere y guarde una contraseña nueva, aleatoria y única para él. En pocas semanas, tus cuentas importantes estarán migradas sin esfuerzo, y el gestor te avisará de las que aún compartan clave.
Correo, banca, redes sociales y la propia cuenta del gestor merecen el segundo factor: además de la contraseña, un código temporal. Prefiere aplicaciones autenticadoras (o las notificaciones de la app oficial) frente a los SMS, que pueden interceptarse. Sin este paso, una contraseña filtrada basta para entrar; con él, no.
Al activar los dos pasos, los servicios ofrecen códigos de un solo uso por si pierdes el móvil. Imprímelos o escríbelos y guárdalos en un cajón: son la llave de emergencia. Guardarlos en el mismo equipo que protegen anula su propósito.
Ningún banco ni servicio serio te pedirá la contraseña por correo o mensaje. Ante un aviso alarmante («tu cuenta será cerrada»), no pulses el enlace del mensaje: abre la app o escribe tú la dirección del servicio. El gestor tiene aquí una ventaja extra: solo rellena la contraseña en el sitio auténtico; si no la rellena, sospecha.
Por diseño, nadie puede recuperarla por ti: es lo que hace segura la caja. Escríbela en papel y guárdala en casa como harías con los códigos de recuperación. Es la única contraseña que de verdad debes cuidar a mano.
Es muchísimo mejor que repetir contraseñas, y para quien usa un solo navegador y un solo equipo puede bastar. Un gestor dedicado gana cuando cambias de navegador, de sistema o quieres compartir una cuenta familiar de forma controlada.
Los gestores serios integran avisos de filtraciones conocidas, y el propio navegador te avisa al iniciar sesión con una clave comprometida. Si un servicio anuncia una brecha, cambia esa contraseña y cualquier otra cuenta donde usaras la misma.
Borrar el icono no desinstala. Borrar la carpeta, tampoco; de hecho, es la forma más fiable de dejar un programa roto a medias. Desinstalar bien significa usar el desinstalador oficial y, solo cuando hace falta, cazar después los restos con cabeza.
Un programa instalado no es solo su carpeta: deja accesos en el menú Inicio, claves en el registro de Windows, datos en tu carpeta de usuario y, a veces, servicios que arrancan solos. El desinstalador oficial conoce esa lista completa; tu tecla Supr, no. Por eso la norma es simple: primero el método oficial, y los restos solo se persiguen si estorban.
Si el programa está en ejecución —incluido minimizado en la bandeja del sistema, junto al reloj—, su desinstalador puede fallar o dejar la mitad. Ciérralo por completo y, si es un antivirus o una VPN, tenlo especialmente en cuenta: son los que más se resisten.
Ve a Configuración > Aplicaciones > Aplicaciones instaladas, busca el programa, pulsa el menú de tres puntos y elige Desinstalar. Sigue su asistente hasta el final y reinicia si te lo pide: muchos desinstaladores dejan la limpieza final para el siguiente arranque.
Algunos programas antiguos se instalan sin registrarse en la lista. Abre su carpeta en Archivos de programa y busca un archivo tipo unins000.exe o uninstall.exe: es su desinstalador oficial. Si tampoco existe, se trata de un programa «portable»: ese sí se elimina borrando su carpeta, porque nunca instaló nada fuera de ella.
Antivirus y suites de seguridad dejan a veces restos a propósito para protegerse. Sus fabricantes publican herramientas oficiales de eliminación completa (busca «herramienta de desinstalación» en la web del fabricante, nunca en portales de descargas). Como último recurso, el modo seguro de Windows impide que el programa arranque y deja desinstalarlo con normalidad.
Tras desinstalar, echa un vistazo a Documentos y a la carpeta de usuario: muchos programas dejan allí sus datos (partidas, proyectos, cachés de varios gigas). Si ya no vas a reinstalar el programa, esas carpetas —con su nombre claramente identificable— pueden borrarse. Ante la duda sobre una carpeta, déjala: no ocupa en el registro, solo en disco.
Sí, quedan claves huérfanas en el registro tras desinstalar. No, no ralentizan tu PC: son unos kilobytes de texto inerte. Editar el registro sin saber exactamente qué se toca es la forma más rápida de convertir un programa desinstalado en un Windows que no arranca. Los «limpiadores de registro» automáticos tienen el mismo problema con mejor marketing.
Comprueba en el Administrador de tareas, pestaña de inicio, que el programa desinstalado no dejó un actualizador fantasma intentando arrancar. Y vacía la Papelera al final del proceso para recuperar el espacio de verdad.
Suele ser una entrada fantasma: el programa ya no está, pero la lista no se actualizó. Reinicia el equipo y vuelve a mirar; si sigue ahí y al desinstalar da error, la herramienta de solución de problemas de instalación de Microsoft (en su web de soporte) retira esas entradas dañadas de forma segura.
Muchas sí, desde la misma lista de aplicaciones (juegos de prueba, apps promocionales). Otras forman parte del sistema y Windows no ofrecerá el botón: es su manera de decirte que las necesitas o que dependen de ellas otras funciones.
El programa se reinstala desde la web oficial o la Microsoft Store sin problema. Tus datos son otra historia: si el desinstalador preguntó «¿borrar también los datos?» y aceptaste, solo una copia de seguridad o un punto de restauración anterior pueden traerlos de vuelta.
Pagar suscripciones por programas que usas dos veces al mes es tirar el dinero, pero «gratis» también puede salir caro si la alternativa no abre tus archivos o te deja tirado. Esta comparativa es honesta: qué sustituye bien cada programa, y dónde están los límites reales de lo gratuito.
Descarga cada programa desde la web oficial de su proyecto o desde la Microsoft Store, nunca desde portales de descargas que reempaquetan instaladores con publicidad. Todos los programas de esta guía son gratuitos de verdad para uso personal: unos son de código abierto y otros son la versión gratuita oficial de un producto comercial.
LibreOffice (de The Document Foundation) incluye procesador de textos, hoja de cálculo, presentaciones y base de datos. Abre y guarda en formatos de Microsoft Office (.docx, .xlsx, .pptx), así que puedes seguir intercambiando archivos con quien use Office. Su punto débil es real: documentos con maquetación muy compleja (índices cruzados, macros de Excel) pueden verse ligeramente distintos. Para el 95 % del uso doméstico y de pequeña oficina, ni lo notarás.
Alternativa en la nube: Google Docs y la versión web gratuita de Microsoft 365, ideales si colaboras con otras personas en tiempo real, aunque dependen de la conexión y de tu cuenta.
GIMP es el veterano del retoque gratuito: capas, máscaras, corrección de color y miles de tutoriales en español. Su interfaz exige una tarde de aprendizaje si vienes de Photoshop, pero la potencia está ahí. Si no quieres instalar nada, Photopea funciona en el navegador, abre incluso archivos PSD y se parece sorprendentemente al programa de Adobe; su versión gratuita muestra anuncios discretos. Para ajustes rápidos de fotos (recortar, luz, filtros) basta y sobra la aplicación Fotos que ya trae Windows.
Para leer y anotar PDF, tu navegador (Edge o Chrome) ya lo hace: abre, busca, subraya y rellena formularios. Para unir, dividir o reordenar páginas, el propio PDF24 Creator (gratuito, de la empresa alemana geek Software) o las herramientas de LibreOffice Draw para ediciones ligeras cubren casi todo. La edición profunda de texto dentro de un PDF sigue siendo el terreno donde lo gratuito flojea: si tu trabajo depende de ello a diario, ahí sí puede compensar la herramienta de pago.
| Necesidad | Programa de pago típico | Alternativa gratuita | Límite honesto |
|---|---|---|---|
| Documentos y hojas de cálculo | Microsoft 365 (desde ≈ 7 €/mes) | LibreOffice · Google Docs | Macros y maquetación muy compleja pueden cambiar |
| Retoque fotográfico | Photoshop (≈ 12–24 €/mes) | GIMP · Photopea | Interfaz distinta; CMYK profesional limitado |
| PDF avanzado | Acrobat Pro (≈ 18 €/mes) | PDF24 · navegador para leer | Editar el texto del PDF sigue siendo flojo |
| Reproducir vídeo y audio | (suele venir «de regalo») | VLC | Prácticamente ninguno: abre todo |
| Comprimir archivos | WinRAR / WinZip | 7-Zip · el propio Windows | Interfaz austera, a cambio de cero coste |
| Antivirus | Suites comerciales | Seguridad de Windows, integrada | Sin extras (VPN, gestores) que quizá ni uses |
VLC reproduce cualquier vídeo o audio que le eches, incluidos formatos viejísimos, y 7-Zip abre y crea archivos comprimidos sin licencias «de evaluación» eternas. Ambos son de código abierto, llevan décadas siendo la recomendación estándar y entran en la categoría de instalar y olvidar.
Si tu trabajo depende de colaborar en documentos de Office con clientes que usan funciones avanzadas, o editas fotografía profesional para imprenta, la suscripción se paga sola en tiempo. La pregunta correcta no es «¿puedo apañarme gratis?» sino «¿cuánto vale mi hora cuando la alternativa falla?». Para casa y para casi cualquier pequeña oficina, lo gratuito de esta lista basta y sobra.
Abre y guarda en esos formatos sin problema para documentos normales. En archivos con macros, gráficos muy elaborados o maquetación milimétrica puede haber pequeños cambios; por eso, si compartes el archivo con alguien que usa Office, revisa el resultado final antes de enviarlo.
Sí: son proyectos oficiales con licencias gratuitas reales, no copias piratas. La condición es descargarlos de su web oficial o de la tienda de aplicaciones; los instaladores «retocados» de portales de terceros son el riesgo, no el programa.
Claro, y es lo habitual: mucha gente conserva su suscripción de ofimática por el trabajo y usa VLC, 7-Zip y GIMP para todo lo demás. No hay ninguna incompatibilidad entre ellos.